Cuando despiertas tratando de descifrar un sueño extraño, repites un gesto con miles de años de historia. Mucho antes del psicoanálisis, las civilizaciones antiguas ya consideraban los sueños mensajes que merecían ser registrados, clasificados e interpretados. Dos tradiciones, una mesopotámica y otra griega, nos muestran hasta qué punto esta práctica es vieja.
Mesopotamia: el sueño como presagio
En la literatura mesopotámica el sueño aparece como aviso del destino. En la Epopeya de Gilgamesh, el rey tiene visiones —un hacha caída del cielo, un meteorito— que su madre, la diosa Ninsun, interpreta como la llegada inminente de Enkidu, su futuro compañero. Más tarde, ya en la tablilla VII, Enkidu relata un sueño en el que los dioses deciden su muerte. El sueño no es adorno narrativo: anuncia lo que vendrá.
Esta cultura dejó algo más sistemático: un manual. El llamado “Libro de los sueños” asirio, cuyo título acadio es Iškar Zaqiqu (el nombre alude a Zaqiqu, divinidad asociada al sueño), es un compendio en once tablillas. Buena parte funciona como manual de adivinación —a tal imagen soñada corresponde tal presagio—, mientras que otras tablillas recogen rituales para conjurar las pesadillas. Se conserva sobre todo gracias a las copias halladas en la biblioteca del rey Asurbanipal, en Nínive, un archivo de más de treinta mil tablillas cuneiformes del siglo VII a. C. excavado por el Museo Británico. El asiriólogo A. Leo Oppenheim publicó en 1956 su edición y traducción de referencia.
Artemidoro: el sueño depende del soñador
Siglos después, en el mundo griego del siglo II d. C., Artemidoro de Daldis compuso la Oneirocritica, el tratado sobre interpretación de sueños más completo que nos ha llegado de la Antigüedad. Consta de cinco libros y, según el propio autor, se apoya no en teorías abstractas sino en la experiencia: recorrió ciudades de Grecia, Italia y Asia Menor reuniendo sueños y comparando sus desenlaces reales.
Su aportación más fina es metodológica. Artemidoro distingue entre el enhypnion —un sueño que solo refleja el estado presente del cuerpo o del ánimo, como soñar con comida cuando se tiene hambre— y el oneiros, el sueño con valor predictivo. Y subraya que un mismo símbolo no significa lo mismo para todos: el intérprete necesita conocer el oficio, la salud, la edad y la condición social de quien sueña. El contexto del soñador lo cambia todo.
Una conversación de milenios
Entre las tablillas de Nínive y los rollos de Artemidoro hay siglos y un mar de distancia, pero comparten una intuición: que los sueños dicen algo de nosotros. Hoy no los leemos como oráculos, sino como ventanas a nuestras preocupaciones y deseos. Saber que esa curiosidad nos une a los escribas asirios y a un viajero griego del siglo II no resuelve ningún sueño, pero le añade una hondura agradable: al preguntarte qué significa el tuyo, te asomas a una de las conversaciones más antiguas de la humanidad.
Cuéntale a Luna lo que soñaste y recibe una interpretación pensada para ti.
Interpretar un sueñoSolo con fines de entretenimiento. No sustituye el consejo profesional médico, legal o financiero.
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